Archivo: Llegó a la Casa Blanca el “Lobo de Wall Street”

El nuevo presidente de Estados Unidos habla y piensa como lo hacen los inversionistas; de hecho, es uno de ellos, eso lo celebran las bolsas de valores en Nueva York
Global Energy No.103, Enero

El nuevo presidente de Estados Unidos habla y piensa como lo hacen los inversionistas; de hecho, es uno de ellos, eso lo celebran las bolsas de valores en Nueva York

(Éste artículo apareció en el número de Enero de Global Energy)

Mientras el mundo se desmorona victima de la incertidumbre financiera tras la inesperada victoria del republicano Donald Trump en las presidenciales estadounidenses del pasado 8 de noviembre, Wall Street estalló en júbilo.

Si bien, no es la única bolsa de valores del mundo que muestra avances importantes, sí es el índice bursátil más influyente el que refleja un incremento inusitado. Tan solo a principios de diciembre pasado todos los indicadores de Wall Street terminaron en niveles históricos, algo pocas veces visto.

20,000 puntos, nivel que casi alcanza la bolsa de Nueva York un mes después de la victoria de Donald Trump

El Dow Jones ha ganado 4.88 por ciento, equivalente a 892.54 puntos, desde el cierre del pasado 7 de noviembre, un día antes de las elecciones, ya se instala cerca de los 20 mil puntos y las posibilidades de que siga subiendo son cada día más amplias, aun en el escenario de pequeñas correciones o periodos de toma de beneficios.

Pero, ¿qué fue lo que pasó?, ¿porqué reaccionó de tal manera la bolsa de Nueva York?, básicamente hay dos razones por las que Wall Street le dio la bienvenida a Trump con esa tendencia, las mencionamos y luego las explicamos:

  • Trump habla y piensa como Wall Street, es uno de los suyos
  • Menos impuestos y más infraestructura, el New Deal que los mercados compraron

Trump habla y piensa como Wall Street

Si alguna ventaja tenía Donald Trump frente a Hillary Clinton era su origen; mientras una estaba curtida en tomar decisiones estratégicas desde un punto cercano a la oficina Oval de la Casa Blanca (lo cual era muy favorable), el otro se encargó por años de hacer crecer un patrimonio, de generar riqueza (lo cual a los ojos de Wall Street es muy bueno).

Una era y es una política de cepa, el otro un inversionista por naturaleza; una sabe mucho sobre la política y sus vericuetos, otro sabe lo que es emprender, fracasar, volver a emprender y en ese juego de acierto y error generar utilidades.

80 años, tiempo que no se registraba un avance poselectoral en Wall Street como el de ahora

Una sabe como hacer crecer el capital político, el otro sabe cómo hacer crecer las inversiones. Ambos pueden fracasar y de hecho les ha sucedido, pero finalmente persiguen el mismo objetivo, hacerse del poder, cada uno en su ámbito, aunque de vez en cuando los caminos se cruzan.

Mientras una conocía los entretelones de alto nivel en la política estadounidense, otro navegaba en los mares empresariales de las cúpulas corporativas de Estados Unidos. Mientras una era custodiada por los servicios secretos de Estados Unidos, al grado de que se supo con antelación el uso indebido de su correo personal siendo Secretaria de Estado, el otro se encargó de aprovechar las fragilidades del sistema tributario de su país, con lo que se ahorró muchos millones de dólares en impuestos, los cuales seguro reinvirtió en sus múltiples negocios.

Mientras una tomaba la Casa Blanca primero como primera dama, después como funcionaria de alto nivel del presidente en turno, y pretendía seguir allí despachando desde la oficina de la que alguna vez su marido administró al país, el otro se encargó de hacer crecer una fortuna con la que compró un viejo edificio (el Bonwit Teller) ubicado en la legendaria quinta avenida de Manhattan, símbolo del poderío económico de Estados Unidos, para derrumbarlo y edificar en su lugar la joya de su imperio corporativo a la que puso su apellido, por si alguna duda quedaba de lo que el poder significa para este magnate: La Torre Trump (Trump Tower).

80% de las emisoras del mercado neoyorquino han ganado en los meses recientes

La llegada de uno de los miembros prominentes de las élites financieras al máximo poder en Estados Unidos no podría deparar otra cosa, sobre todo porque se quiera reconocer o no (paradojas del destino), Estados Unidos está en una época de expansión económica, no a las tasas deseadas, pero crece. Trump es un empresario sí, pero sobre todo es un inversionista, existen ligeras diferencias en ambos términos.

Si el emprendedor es un bendecido por el mercado, el inversionista, aquel que busca las oportunidades de generar riqueza en todo momento, lo es todavía más.

Trump no podría ser recibido de otra manera por el mercado, tenía que haber júbilo porque siempre habían llegado al poder amigos de Wall Street, pero nunca hasta ahora se encumbró un integrante de la comunidad financiera-empresarial en pleno; Donald Trump será la personificación de Wall Street en la Oficina Oval de la Casa Blanca.

El Lobo de Wall Street

Trump prometió menos impuestos y más infraestructura; traducido a la jerga de Wall Street se oye de la siguiente manera:

“Amigos financieros, les prometo que como presidente bajaré los impuestos para que haya más recursos disponibles para la inversión y el ahorro, además de que me dedicaré a fomentar la obra pública y privada, con el fin de reanimar a la economía con más empleo y crecimiento”: Atentamente, Donald Trump

Eso es música para los oídos de cualquier integrante de los mercados financieros, no sabemos si lo logrará, pero son palabras que los inversionistas aplauden a rabiar; por si fuera poco, lo dice alguien que sabe algo sobre generar riqueza, no son palabra de un improvisado.

“Queridos inversionistas, en mi administración tendremos oportunidades para que sus capitales se pongan a trabajar en diversos sectores, pero sobre todo en la generación de infraestructura para el país; además, me aseguraré de que las empresas que operan aquí se vayan lo menos posible a otras naciones, con el fin de que esos recursos se reinviertan”.

No queremos decir que Trump es lo mejor que pudo suceder, nadie conoce el destino, lo que sí aseguramos es que llegó a la Casa Blanca el candidato que más sabe sobre generar riqueza, incluso con triquiñuelas, mientras otros mercados y economías entraron en una fase de incertidumbre, en Nueva York parecen aplaudir la llegada a la cumbre del Lobo de Wall Street.

¿Y los mercados petroleros?

En realidad el mundo petrolero se mantuvo relativamente al margen de los resultados presidenciales en Estados Unidos, ensimismados en sus propios problemas, concretamente en el del exceso de oferta.

No fue sino hasta el acuerdo que alcanzó la OPEP justo el último día de noviembre, cuando se empezó a observar una tendencia diferente en el mercado petrolero global.

Todo indica que la expectativa es positiva, cuando menos en un inicio. Si la economía de Estados Unidos repunta, y sobre todo con mayor celeridad, hablamos de mayor consumo de petróleo.

Es cierto que Estados Unidos va rumbo a la independencia petrolera, pero también es un hecho que la reactivación económica en Estados Unidos impulsa automáticamente la de otras regiones en el mundo, y con ello la demanda de petróleo.

USD $55 dólares, precio promedio del petróleo en los dos meses recientes

Alcanzar precios de 100 dólares por barril de petróleo definitivamente es algo descartable por el momento, y durante un periodo prolongado de tiempo; sin embargo, es una buena noticia que el precio del barril de petróleo se haya consolidado arriba de USD $50 y con posibilidades de subir más, eso detona muchos proyectos empresariales.

En resumen, la comunidad inversionista de Estados Unidos ve con buenos ojos la llegada de Donald Trump a la presidencia del país, dista del pánico que existe en otras latitudes; llama la atención que existan dos visiones tan divergentes de un mismo proyecto y personaje.

Sin embargo, se quiera o no reconocer, el dinero manda. Por lo tanto, mientras los inversionistas en Wall Street sigan en su “luna de miel” con Trump, las bolsas de valores se mantendrán al alza.

Es importante reconocer que si algo define a los mercados de valores es su capacidad de descuento; es decir, descuentan sucesos económicos, si Wall Street crece significa que la economía también lo hará.

Este 20 de enero inicia una nueva era en el mundo, imposible conocer el destino, lo que sí es posible observar es la disposición que tiene Wall Street a jugar del lado de uno de sus hijos pródigos, ojalá les asista la razón.

Antonio Sandoval