Archivo: Pemex, a un año de la era González Anaya salió de terapia intensiva; pero sigue con pronóstico reservado

Mi objetivo es regresar a Pemex a zona de rentabilidad”. José Antonio González Anaya, al ser nombrado Director General de Pemex en febrero de 2016

El plan de negocios es el documento que puede resumir la gestión de los últimos 12 meses; sin olvidar el regreso de la empresa a los mercados financieros

(Éste artículo fue publicado en la edición de Febrero de Global Energy)

El 11 de febrero de 2016 tomó protesta como Director General de Petróleos Mexicanos (Pemex), José Antonio González Anaya, la empresa pasaba por la peor crisis de su historia y prácticamente estaba a punto de desaparecer, aunque el gobierno jamás lo reconoció de tal forma. El impacto devastador del derrumbe de los precios del petróleo y, sobre todo, una administración errática, por decir lo menos, llevó a la compañía petrolera nacional a una situación verdaderamente crítica.

90 dólares por barril, nivel mínimo de la mezcla mexicana que alcanzó en enero de 2016

González Anaya, el experto en pensiones, que años atrás tomara las riendas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en una situación similar y saneara la institución permitiéndole sobrevivir, recibió en Los Pinos una instrucción clara y precisa, rescatar a Pemex.

Un año después podemos decir que Pemex ha salido de la terapia intensiva en donde la encontró el doctor González Anaya, algunos indicadores propios de una empresa en quiebra empiezan a revertirse, o mejorarse; sin embargo, no se sale de una condición tan crítica de la noche a la mañana, eso lo saben todos en el gobierno y fuera de él. Realmente Pemex sigue muy delicada de salud para seguir refiriéndonos a su situación en los mismos términos médicos.

-6.67% bajó la producción e Pemex entre 2015 y 2016

Pemex ya salió de terapia intensiva, así lo indican las cifras, pero su pronóstico es reservado. Para entender lo que sucedió con Pemex es importante conocer un poco del deterioro paulatino y la forma en la que llegó al mismo; posteriormente analizaremos algunos de los aspectos más destacados que le han permitido a la actual administración librar el fantasma de la quiebra y la desaparición.

Pemex estaba casi sin signos vitales

En 2015 Pemex reportó pérdidas por 521 mil 606 millones de pesos, monto que casi dobló al reportado un año antes; asimismo, las ventas de la empresa bajaron 26.5 por ciento a 1.16 billones de pesos, respecto a los 1.58 billones reportados en 2014.

Con estas cifras, el rendimiento de operación e la compañía se desplomó 84 por ciento a 98 mil millones de pesos.

Un punto básico para que la empresa empezara a deteriorarse en su situación financiera y productiva fue el recorte a la producción que sufrió, de 6.67 por ciento en 2015, al pasar de 2.43 a 2.26 millones de barriles de petróleo diarios.

Para principios de 2016 era evidente la crisis en la empresa, la excusa principal era la caída de los precios internacionales del petróleo, que evidentemente impactaban a la compañía, pero no al grado de llevarla a la quiebra si la administración hubiera realizado correctamente su tarea.

521,606 millones de Pemex perdió Pemex en 2015

Analistas nacionales e internacionales la consideraban a principios del año pasado como la empresa petrolera más vulnerable del mundo, no por el efecto de los precios internacionales del hidrocarburo, sino por su flaqueza financiera y su pésima gestión operativa en general.

Como señalamos, el descenso de los precios globales del barril de petróleo era determinante para que la crisis en la empresa se profundizara; en 2016 la cotización promedio de la mezcla mexicana de exportación bajó de 86 a 43.3 dólares por barril.

20% de los ingresos del gobierno federal provienen de Pemex

Pero no había llegado lo peor, en enero de 2016, a inicios del año, la mezcla se derrumbó a 18.90 dólares, la crisis en Pemex se hacía más profunda, la caída en un barril sin fondo era inevitable.

Ante la crisis una opción era mantener el rumbo y que la Reforma Energética permitiera que con el tiempo la industria petrolera mexicana se saneara por sí misma, lo que garantizaba la sobrevivencia de Pemex.

Pero, soportar los costos para unas finanzas públicas que cada vez reportaban menos ingresos era punto menos que imposible, era necesario un cambio de timón, lo que debía incluir la salida del hasta entonces Director General, Emilio Lozoya Austin.

El perfil del nuevo capitán del diezmado barco petrolero mexicano debía incluir a un experto financiero, Pemex es una empresa que tiene muchos problemas, pero quizás el mayor de ellos es su mala gestión financiera, que descansa en el hecho de que por décadas ha sido la “caja chica” del gobierno.

Las cifras hablan por sí solas, la petrolera aporta 20 por ciento de los ingresos totales del gobierno federal año con año, en 2015 los ingresos petroleros sumaron la cantidad de 841 mil 515 millones de pesos.

1,385 millones de pesos, deuda financiera de Pemex al cierre de 2015

Lo malo es que esos recursos son utilizados en diversos rubros, y raramente se destinaron al fortalecimiento, modernización y expansión de la empresa y su actividad petrolera. Este punto provocó con el paso de los años muchos problemas, resumido en uno solo: déficit financiero, es decir, sus gastos y costos eran mayores a sus ingresos.

Revertir ese déficit financiero no es sencillo, se hacen necesarios ajustes en muchos sentidos, pero todos ellos obligadamente llevan a recortes de gastos.

El perfil de José Antonio González Anaya estaba diseñado para las necesidades de Pemex, si bien hemos señalado que la empresa estaba en quiebra, sería un golpe devastador para la economía mexicana asumirlo como tal, era necesario “revivir” a Pemex, regresarle los signos vitales, para eso llegó González Anaya hace un año al despacho principal del piso 45 de la Torre ejecutiva de Pemex.

Un primer paso, que pocos entendieron, fue realizar recortes al gasto de la empresa, el ajuste fue mayúsculo, de 100 mil millones de pesos, ¿cómo a una empresa en crisis se le quietan recursos? La explicación descansa en las necesidades de recorte que debía tener la compañía rumbo a su gran objetivo de largo plazo, la reversión del déficit financiero.

El recorte de la cantidad señalada obligó a realizar ajustes de todo tipo de diversas áreas de la empresa (recursos humanos, técnicos y financieros), ese fue el primer paso.

Otro factor esencial fue la modificación de los objetivos de la empresa, dejaría de ser una compañía con actividades volumétricas para tomar la bandera de la rentabilidad como estandarte, igual que en el resto de las empresas petroleras del planeta y en el marco de una crisis de los mercados petroleros, cambiar éste paradigma en Pemex era hasta cierto punto un sacrilegio, luego de décadas de operar así.

La “revolución petrolera” de González Anaya en datos y números

Cuando llegó a la dirección general de Pemex, la reforma energética en el país ya era una realidad, en este sentido el camino por el que debía transitar la “revolución” estaba perfectamente trazado.

La política de asociaciones que le permite la reforma energética a Pemex, se ha instaurado en definitiva, para competir tanto en los mercados nacionales como internacionales Pemex tiene que asociarse con otras empresas, eso ha quedado muy claro en la era González Anaya.

Para el directivo principal de Pemex fue prioritario fijar dos objetivos, uno de corto plazo y uno más de largo plazo.

En el corto plazo se fijó la prioridad de sanear a la empresa para darle viabilidad y con ello la posibilidad de salir de su crisis en algún momento. En el largo plazo está la prioridad de recuperar la productividad y rentabilidad en el marco de la reforma energética, situación que piensa aprovechar la empresa.

40% se redujo la plantilla de directivos de alto nivel en Pemex durante 2016

Para este último factor, son necesarias las asociaciones con otras empresas nacionales e internacionales; pero las asociaciones tienen diversos objetivos, algunos de ellos es la de disminuir los costos operativos de una empresa que se negó a hacerlo durante décadas, los nuevos tiempos en la industria petrolera así lo exigen.

Ésta “revolución petrolera” deberá llevar a Pemex a dos puertos: el primero de ellos consiste en fijar como fecha objetivo el año 2020 para que la empresa logre el equilibrio financiero. Se dice fácil pero no lo es, se trata de un objetivo gigantesco, Pemex no ha operado con equilibrio financiero prácticamente nunca en su historia, se debe llegar a una relación aritmética simple: ingresos igual a egresos.

El segundo puerto al que deberá llegar la nave es reducir las necesidades de financiamiento de la empresa, con el fin de abatir los costos que significan el servicio de los adeudos y su impacto en las finanzas de la compañía. En términos financieros, el objetivo es mejorar la estructura de capital y la trayectoria futura de endeudamiento en Pemex.

El año previo a la llegada de José Antonio González Anaya a la Dirección General de Pemex el pasivo total de la petrolera mexicana rondaba niveles de 3 billones 106 mil 900 millones de pesos, una deuda gigantesca que maniataba a la compañía.

147 mil mdp, cifra máxima de deuda con proveedores que tuvo Pemex

La deuda financiera de la compañía se había disparado considerablemente en los años recientes, pasó de 531 millones de pesos en 2010 a mil 385 millones en 2015, un avance de 160.82 por ciento durante dicho lapso.

La nueva administración también puso manos a la obra para disminuir los pasivos con proveedores, cuyos elevados niveles generaban un problema en la cadena de valor de la industria que amenazaba con salirse de control, y su impacto económico también se ubicaba en pronóstico reservado.

En el punto más álgido de la crisis de Pemex la deuda con proveedores llegó a ser de 147 mil millones de pesos, por lo que se diseñó un esquema de pago para liberar presiones entre la industria y evitar más daños a las economías locales y también a nivel nacional.

Algunas de las entidades más golpeadas por la crisis petrolera fueron Campeche, Tabasco y Veracruz; en Campeche se llegaron a registrar ciudades semifantasmas, ante la caída de la actividad productiva y los recortes de miles de empleos.

Al cierre de septiembre pasado Pemex había saldado el 90 por ciento de la deuda que tenía con sus proveedores, un importante avance que solamente se explica con el apoyo de recursos públicos mediante el gobierno federal.

Plan de negocios, el legado

Toda la estrategia diseñada por González Anaya puede resumirse en un documento para el que se trabajó todos estos meses, el Plan de Negocios 2017-2021, cuyo gran objetivo se resumen en una sola palabra: Rentabilidad.

Como casi todas las empresas petroleras del planeta, Pemex tuvo que asumir lo que por décadas diversas administraciones federales y corporativas no quisieron a no pudieron, tomar la rentabilidad como objetivo prioritario; cualquier empresa en el mundo incluso con ligas gubernamentales se mueve en este sentido, al menos en los mercados petroleros.

Este plan de negocios es austero en su extensión pero profundo en los objetivos que se persiguen, y rotundo en el gran objetivo de largo plazo que es lograr hacer de Pemex una empresa rentable.

El esquema hace de Pemex una empresa más compacta, más eficiente, menos dependiente de los recursos y deuda de corto plazo, más enfocada a una operación basada en la competencia que la compañía deberá enfrentar los próximos años, en este nuevo marco energético.

227,800 mdp ejerció Pemex en 2016, equivalente a 111% más de lo presupuestado

Este plan de negocios será el legado de la presente administración, al menos hasta el día de hoy es el único documento que existe y que define lo que debe hacer Pemex; sin embargo, no podemos olvidar que para llegar al año en el que supuestamente deberán alcanzarse los objetivos planteados, es necesario pasar por una aduana electoral.

Sin embargo, tiene la particularidad de que por primera ocasión en la historia se tiene considerado un objetivo que no obedece a planes de control presupuestal y gubernamental, sino a factores de libre mercado como son la competencia y la rentabilidad.

Como inicio, Pemex impuso medidas de austeridad y ahorro, en 2016 rebasó el objetivo en 6 mil millones de pesos, al tiempo que redujo 40 por ciento la plantilla de altos mandos registrada hasta 2015.

Entre otras cosas, con el plan de negocios se pretende reemplazar la declinación natural de la producción de Cantarell para después estabilizarla e incrementarla en el mediano plazo, así como eficientar la operación de las refinerías y eliminar las pérdidas en el Sistema Nacional de Refinación para el año 2021.

Derivado del cambio en su marco jurídico, Pemex puede desarrollar una operación similar al resto de las compañías petroleras del mundo, lo que le permitirá revertir la tendencia de pérdida de los últimos años y compartir riesgos técnicos, tecnológicos y financieros en toda la cadena de valor, dice la empresa al referirse al plan de negocios.

Primera asociación de Pemex, otro hito en su historia

En diciembre pasado la empresa australiana BHP se convirtió en la primera socia formal de Pemex en la historia de la industria petrolera mexicana.

La licitación para la explotación del campo Trión generá una inversión de hasta 624 millones de dólares de parte de BHP; nunca antes en la historia de la empresa se amarró una alianza para compartir riesgos y gastos, así como los beneficios en su actividad petrolera. El Director General de Pemex, José Antonio González Anaya, expresó que la asociación marca un hito en la historia de la empresa y del país.

624 millones de pesos, inversión de BHP en su asociación con Pemex para el campo Trion

El ultrasonido revela mejoras

La evolución de las cifras financieras en la empresa petrolera mexicana muestra una evolución favorable, aunque es un hecho rotundo que distan mucho de lo que se espera y lo que debería ser para una empresa rentable.

En 2015 la pérdida integral de Pemex fue de 161 mil 732 millones de pesos, mientras que para el año pasado la cifra bajó a 113 mil 840 millones, una reducción de 29.61 por ciento en el periodo. Si bien el desempeño de las cifras es positivo, su monto es lo que sustenta el dicho de que Pemex sigue con pronóstico reservado, muy lejos de lo necesario para ser rentable. La pérdida neta también bajó, de 167 mil 634 millones de pesos a 118 mil 323 millones, equivalente a la misma tasa de 29.41 por ciento.

En 2016 todavía no se reflejan algunos factores que le deben ayudar a la empresa en los años siguientes.

A partir del 1 de enero de 2015 el régimen fiscal de Pemex está más alineado con el resto de la industria; no obstante, la empresa todavía no puede deducir la totalidad de sus costos y gastos de operación en el cálculo de impuestos y derechos.

2020, año fijado para el equilibrio financiero en Pemex

Para reducir el impacto de este régimen fiscal, el 18 de abril de 2016, el Gobierno Federal publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto que otorga algunos beneficios fiscales a operadores de asignaciones. Este decreto procura disminuir el efecto negativo ocasionado por la baja en los precios del crudo, permitiendo a los operadores elegir entre dos esquemas para calcular el límite de deducibilidad de costos aplicable al Derecho por la Utilidad Compartida.

La consolidación de inversiones por parte de Pemex es una variable en la que ha trabajado exhaustivamente la presente administración, a este respecto durante el año pasado se ejercieron en los primeros nueves meses del año un total de 227 mil 800 millones de pesos, equivalente a 12 mil 500 millones de dólares, equivalente a 111 por ciento de la inversión programada por 204 mil 400 millones de pesos.

Las inversiones se destinaron de la siguiente manera:

  • 186,600 mdp a Exploración y Producción
  • 33 mil mdp a Transformación industrial
  • 4,500 mdp a Logística
  • 2,600 mdp a Perforación y Servicios
  • 500 millones a Corporativo
  • 400 millones a Etileno; y
  • 200 millones a Fertilizantes

La actividad de la presente administración se ha enfocado a colocar a Pemex como un participante activo de los mercados, con fuentes de financiamiento y presencia en los mercados de capitales. Es un año intenso el que se ha registrado en la hoy Empresa Productiva del Estado, su situación es delicada, pocas dudas quedan de eso, pero salió de una situación altamente crítica; pasó de ser una empresa casi sin signos vitales a una sustancial mejoría. Sin que se puedan echar las campanas al vuelo, el objetivo primario encomendado al doctor González Anaya se ha cumplido, todo hace suponer. Sin embargo, Pemex ya no podrá volver a ser la misma, su cambio no puede ni debe ser cosmético con o sin González Anaya en la dirección general. Luego de casi 80 años de cerrazón patriotera, México y su empresa petrolera se enfrentó con la realidad, “el petróleo es de los mexicanos”, decían no hace mucho los slogans propagandísticos de la compañía, quizás era cierto, pero los beneficios del petróleo estuvieron a punto de dejar de ser para México y los mexicanos.

Sacar a Pemex de la quiebra solamente debe ser el primer paso de muchos que son necesarios llevar a cabo para evitar que Pemex vuelva a ser lo que fue, una empresa cerrada a las inversiones y la competencia, con graves atrasos técnicos y tecnológicos, y administrada con fines políticos, que por lo general generaban beneficio a uno o varios grupos, más que al país.

Antonio Sandoval