Aguas profundas mexicanas, oportunidad real para obtener hidrocarburos 1a parte

A casi 60 años de la identificación del Golfo de México Profundo como provincia hidrocarburífera del lado estadounidense, en nuestro país todavía no se comienza a extraer petróleo de esta región; sin embargo, los esfuerzos exploratorios son cada vez más enérgicos y los resultados de cada nueva perforación de este tipo también más favorables.

Por Kathya Santoyo

 

La incursión de México en la exploración petrolera en aguas profundas es relativamente reciente, y responde a la identificación de recursos prospectivos en esta región equivalentes a la mitad del total de hidrocarburos que posee la nación, con más de 26,000 millones de barriles de petróleo equivalente (mmbpce) cuya eventual explotación servirá para garantizar el abasto de energéticos para el país e incluso su exportación a otras geografías.

En 2003 Pemex Exploración y Producción (PEP) inició la perforación en tirantes de agua mayores a 500 metros, profundidad mínima para clasificarse en esta nueva categoría. El primer pozo se ubicaba a 512 metros, llevaba por nombre Chuktah-201, y aunque resultó no ser exitoso abrió paso a una nueva era de aprovechamiento de oportunidades principalmente para extraer gas.

En 2004 se completó la evaluación de Nab-1, a 681 metros (aceite extrapesado), seguido un año después por Noxal-1 (gas no asociado), que ya registró un avance significativo, al haber alcanzado 935 metros de profundidad. Estos trabajos permitieron a la paraestatal identificar una nueva región productiva con alto potencial: el Golfo de México Profundo.

Los éxitos siguieron en 2006 con Lakach-1, a 988 metros y un tirante de 3,813. Este se ha consolidado como uno de los de mayor relevancia para la petrolera por sus recursos de gas no asociado, que ascienden a un estimado de 1.3 millones de millones de pies cúbicos (mmmmpc) y que pudiera producir entre 25 y 30 millones (mmpc) al día.

Tras este se exploró satisfactoriamente, en orden cronológico: Lalail-1 (805 metros), Tamil-1 (778 metros), Leek-1 (851), Lakach-2DL (1,196), Labay-1 (1,700), Puskón-1 (600), Nen-1 (1,495), Piklis-1 (1,945), y Kunah-1 (2,154), con ocho pozos no exitosos en el medio.

Los resultados favorecedores en el Golfo ya eran evidentes hacia ese entonces, pero el panorama para el país cambió en 2012 con el primer gran descubrimiento por sus recursos comerciales potenciales: Trión-1, ubicado en la zona del Cinturón Plegado Perdido, en un tirante de 2,532 metros, y reservas estimadas de 462 millones de barriles de petróleo crudo equivalente.

A este siguió Supremus-1, en la misma área, específicamente a 250 kilómetros de Matamoros, 39 kilómetros al Sur del límite territorial con Estados Unidos y 37 km al Este de Trión-1. Fue perforado a 2,900 metros, hasta entonces el mayor tirante de agua explorado en la historia de Petróleos Mexicanos (Pemex), el octavo a nivel mundial (tan solo cuatro de ellos con presencia exitosa de hidrocarburos) y el sexto en el Golfo de México, con una profundidad total de 4,029 metros, incluyendo la corteza del lecho marino.

Maximino-1, el más reciente proyecto en el país

Maximino-1 es el séptimo en el mundo por su profundidad, que asciende a 2,922 metros. Su perforación comenzó a finales de 2012 y mantiene a Petróleos Mexicanos entre los principales líderes globales tanto en recursos como en profundidades exploradas, ambos aspectos que planea impulsar cada vez de manera más enérgica. 

El instrumento principal para culminar tan importante proyecto se llama West Pegasus, una plataforma semisumegible de sexta generación capaz de llegar a 3 kilómetros de profundidad, rentada a la empresa Seadrill por cinco años.

Hasta el momento ha cumplido con los primeros dos del contrato, durante los cuales ha terminado la perforación del pozo Hux-1 (1,130 metros), cuyo objetivo fue probar la continuidad de los plays mesozoicos hacia el Norte de los campos Ku, Maloob, Zaap y Tekel. Aunque encontró condiciones favorables de roca almacén, no se registraron evidencias de hidrocarburos, contrario a Supremus-1, también a su cargo, pero con gran presencia de crudo ligero.

La West Pegasus solo tuvo que recorrer cinco kilómetros al terminar su trabajo en Supremus para explorar la zona y analizar su potencial comercial con la perforación de Maximino-1. Este pozo se ubica 6,900 metros por debajo del nivel del mar, lo que lo coloca entre los 10 más profundos en todo el mundo. 

A unos días de terminar la primera fase del proceso de exploración: la perforación, Global Energy acudió a las instalaciones de esta plataforma para observar todos los detalles del proceso que nos acerca a la soberanía energética, al ampliar la capacidad de aprovechar los recursos que la naturaleza ha colocado en el territorio nacional.

En esta, la primera de dos entregas, exponemos aquellos aspectos que la convierten en una de las más avanzadas estructuras de su tipo para resolver los grandes retos que significan operaciones tan complejas como la exploración en aguas profundas.

Tecnología de punta para ampliar los recursos petroleros

Jorge Gone García es el superintendente de Pemex a bordo de West Pegasus; es decir, toda la perforación del pozo Maximino-1 está a su cargo. Esta posición se avala con su antigüedad de 23 años costa afuera, en procesos que van desde la perforación, terminación y reparación de pozos, hasta todo lo concerniente a plataformas fijas, autoelevables, semisumergibles y barcos perforadores.

La incursión de Gone García en las operaciones en aguas profundas comenzó a la par que la de Pemex, hace siete años y medio con uno de los primeros pozos de este tipo, Noxal-1, también ubicado en el Golfo de México, pero 102 kilómetros al noroeste de Coatzacoalcos, Veracruz. En esa ocasión, la paraestatal perforó a un tirante de agua de 935 metros y una profundidad total de 4,000 metros.

Esta exploración pretendía identificar una nueva provincia productora de hidrocarburos en el Golfo de México profundo y lo consiguió con el uso de la plataforma semisumergible Ocean Worker. De este modo, se comenzó a combatir la baja reposición y sustitución de reservas probadas de petróleo que existía en el país a principios de la década pasada, cuando esta tasa era de aproximadamente 22 por ciento, contra el 100 por ciento alcanzado recientemente.

En este tiempo las condiciones del país y la petrolera estatal han evolucionado notablemente. Hoy la flota de plataformas comprende cuatro de última generación, entre ellas, la Bicentenario y la Centenario, con capacidad de operar en aguas ultraprofundas; es decir, aquellas que van más allá de 1,500 metros de profundidad marina.

West Pegasus

La West Pegasus entra en la categoría de las plataformas de sexta generación, la más avanzada en el mundo, por lo que aún existen pocos equipos con características similares a esta a nivel global. Algo que la distingue en esta escala de vanguardia es su tecnología de doble posicionamiento dinámico (DP), que toma el lugar de lo que en equipos más pequeños hacen las anclas convencionales. 

Una de estas dos capacidades DP está controlada por un sistema acústico ubicado debajo de la plataforma hacia el fondo marino, y el otro se trata de posicionamiento global de GPS satelital. Esta característica significa que puede mantenerse en un punto fijo sobre el nivel del mar, de manera que nunca pierde su posición, pero cuando es necesario puede también desconectarse del pozo y cambiar de trayectoria.

Todo su sistema operativo es automatizado, con lo que se disminuye los riesgos para el personal que labora en la estructura, cuyas dimensiones alcanzan cerca de 120 metros de largo y casi 73 de ancho, suficientes para perforar a una profundidad de hasta 10,668 metros y soportar a 192 personas a bordo.

Su operación en México comenzó hace dos años, cuando Seadrill trajo el equipo desde Singapur (navegando por sí sola) bajo el objetivo de perforar pozos exploratorios, aquellos que buscan investigar la existencia de nuevos yacimientos comerciales. 

La perforación de Maximino-1 fue recientemente terminada, tras lo que se confirmó que la presencia de hidrocarburos es afirmativa; sin embargo su volumen de recursos, en términos de barriles de gas o aceite, es aún desconocido. Para averiguarlo se ha entrado en la siguiente etapa: de terminación, la cual sirve para evaluar su viabilidad comercial en razón de la producción que podría entregar.

El superintendente de West Pegasus detalló que este proceso toma alrededor de 15 días en un pozo como éste, periodo que varía en razón del tamaño del sitio y sus características. El paso siguiente es cerrarlo y continuar la exploración del área cercana a Estados Unidos en aguas mexicanas, con el pozo llamado Vespa, más cerca a la costa de Matamoros, reveló.

Aunque el primer barril extraido de estas profundidades no sucederá en aguas mexicanas en el futuro cercano, su viabilidad está comprobada en Supremus-1 y Trión-1 (ubicado a 24 km de Maximino-1), lo que demuestra el potencial en el país y hace que la actividad exploratoria sea cada vez más rentable.

Bajo ese entendido, la plataforma continuará su trabajo en alrededor de siete pozos adicionales durante los tres años que restan a su contrato. Estos podrán ubicarse en tirantes de agua variables en razón de los requerimientos de Pemex. “Los pozos ya están asignados, ya tienen nombre, y la gente en tierra se encuentra ya realizando programas operativos para su próxima perforación. En su momento vamos a explorarlos”, detalló el superintendente de West Pegasus.

Seguridad, la prioridad número uno

Un importante mecanismo de ayuda con el que cuenta la plataforma es su monitoreo meteorológico las 24 horas del día los siete días de la semana; “por ejemplo, ahora que es tiempo de huracanes en el Golfo de México podemos averiguar con antelación si estamos amenazados por algún fenómeno natural y así salirnos de su trayectoria por nosotros mismos, sin la necesidad de barcos remolcadores que nos ayuden”. Esto sucede gracias a su capacidad de desplazamiento mediante thrusters que le dan propulsión de acuerdo con sus necesidades. 

Por contrato, Petróleos Mexicanos exige este monitoreo continuo que Seadrill lleva a cabo a nivel internacional. Invariablemente, cada seis horas llega a West Pegasus un reporte proveniente de Houston, Texas, con proyecciones que abarcan de cinco a 10 días, en las cuales se traza la ruta que seguirá un ‘disturbio’ meteorológico determinado; es decir, si tomará fuerza, se convertirá en tormenta o huracán, etcétera.

Estos avisos sirven para interpretar la información y a partir de ella adaptar las operaciones del pozo y así saber si el fenómeno afectará el área que comprende hacia el periodo contemplado en el reporte. “Aquí establecemos horarios específicos para cada operación y así aseguramos el pozo. Se disminuyen los riesgos al saber el clima en todo el mundo, por ejemplo si hoy hay un fenómeno en África podemos analizar si su trayectoria alcanzará el Golfo y actuar en razón a ello”.

Bajo todas esas condiciones, la estructura está perfectamente capacitada para trabajar en cualquier región del mundo, incluso el Mar del Norte, donde las mareas son irregulares debido a la convergencia de corrientes provenientes del Norte y del Sur, y además existe mucha condición de lluvia y niebla durante todo el año.

Estos mecanismos tecnológicos sirven para cumplir con el objetivo primario de las operaciones exploratorias: obtener hidrocarburos de la manera más segura posible.

“Todo accidente puede ser prevenido”

En palabras de Juan Miguel Roldán, líder de seguridad de Seadrill, todo el personal que está a bordo de la plataforma vive con base en cinco valores: ser conscientes de la seguridad, responsables, leales, inspiradores y proactivos. Estos ayudan a la empresa a cumplir con su misión, que es establecerse como el estándar en la perforación; es decir, marcar el parámetro de excelencia.

Bajo esa estrategia, aseguró que los accidentes son evitados a toda costa, “tenemos que ser responsables de nuestras acciones. Estamos obligados a no tomar atajos y a detener el trabajo cuando sea necesario. Nuestra meta principal es que nadie se lastime, entonces los paros de operación son bienvenidos, pues sabemos que los ojos del personal pueden apreciar aspectos distintos a los del operador en cabina, por ejemplo”.

El especialista explicó a Global Energy que ese cometido está influido de forma significativa por las políticas establecidas por Petróleos Mexicanos en la materia, “Pemex se distingue por el esfuerzo de los trabajadores y su compromiso en vías de la seguridad, salud y protección ambiental, a través del manejo de riesgo, el cumplimiento de regulaciones, la disciplina operativa y la mejora continua”.

El Sistema de Seguridad, Salud y Protección Ambiental (SSPA) de Pemex, dijo, representa para la empresa la misma importancia que otras áreas prioritarias, como aquellas en materia de producción, transporte, ventas, calidad y costos; “todo incidente y lesión pueden ser prevenidas”. 

Dijo que sus políticas y metas van de la mano con las de la empresa estatal, lo que los ha llevado a consolidarse como el mejor equipo de la flotilla del Corporativo Américas, de Seadrill, con base en un tablero de calificaciones a nivel global que considera seguridad, protección ambiental, personal, costos, satisfacción del cliente, productividad y crecimiento, entre otros aspectos.

En la búsqueda de esos objetivos, detalló que existen diferentes procedimientos críticos o rojos para los cuales se requiere permisos de trabajo especiales. Para ello existen mecanismos como la Evaluación de Riesgo Basado en las Tareas (TBRA, pos sus siglas en inglés), el aislamiento de energía, así como un manual de izaje, de objetos que caen, el aseguramiento de cuerpos en altura, y prácticas de orden y limpieza.

Bajo esos parámetros se realizan evaluaciones de riesgo en el sitio, lo que se convierte en una herramienta de alta eficiencia para la ejecución de toda tarea, “tal vez no todas necesitan un TBRA, un Análisis de Seguridad en el Trabajo (JSA) o un permiso especial, pero antes de llevarlas a cabo sí se requiere un chequeo que puede realizarse de manera individual o grupal”.

El sentido de ello es que previo a la puesta en marcha del trabajo en sitio se hagan diversas preguntas, entre ellas, ¿cómo? ¿qué? ¿cuáles? y ¿quién? “Al saber la manera exacta en la que se llevará a cabo el proceso, nosotros como especialistas podemos aterrizar las ideas y crear un plan de respuesta de emergencia. Identificamos los teléfonos más cercanos, a quién llamar en caso de que algo salga mal y el equipo que tenemos, ya sea de salvamento o contra incendio. Si existe una desviación de dicho plan, en ese momento debemos detener la operación, agrupar el personal y realizar un chequeo de cuatro puntos”, expuso Juan Miguel Roldán.

Al anterior procedimiento se suma otra herramienta llamada El Octágono de Energías. Existen múltiples cambios cuando se ejecutan trabajos en situaciones geográficas diversas y complejas, ante lo que es necesario identificar las posibles fuentes de energía que se encontrarán en cierta área de trabajo, ya sean de movimiento, radiación, temperatura, presión, gravedad, químicas, eléctricas, o biológicas.

Una vez ubicadas las variables, el sentido de este instrumento es eliminarlas, controlarlas o crear una protección tanto para la misma plataforma como para el capital humano. “Esta es nuestra casa y el compromiso de todos es mantenerla segura y funcionando al 100 por ciento”.